Vinicunca, la montaña del Arcoiris

En la Cordillera de los Andes existe una montaña de colores a la que se llega caminando unos 6 KM desde un remoto poblado de nombre Pitumarca en la sierra de la ciudad del Cusco.

En los tiempos del Inca, los habitantes de Pitumarca se destacaban por ser devotos servidores del dios Sol, cumplian fielmente con las penitencias y sacrificios que requería su profunda religiosidad y a cambio el dios astro les bendecía con luz y calor.

Se cuenta que era tanta la devoción de este pueblo, que el dios Sol quiso ponerlos a prueba, y decidió ocultarse tras las nubes un tiempo para desafiar la lealtad de los hombres de esta región.

Sin el Sol, la oscuridad se apoderó de estas tierras y con ella el frío, las montañas quedaron blancas por la nieve, los animales morían por falta de alimento, y muchas familias decidieron migrar, llorando y lamentando el abandono de su dios. Sólo tres familias quedaron, no se sabe como lograron sobrevivir, pero ninguno de ellos perdió su fé, continuaron día tras día con sus alabanzas rogando al dios Sol que regrese sin ser atendidos.

Una mañana, antes de perder sus últimas fuerzas, decidieron salir de sus hogares, y sacrificarse a sí mismos para complacer al Sol. Tal vez así decidiera regresar. Urco Yupanqui pidió a los sobrevivientes que se pongan en línea y se arrodillen mirando el suelo, él tomó el Tumi, sagrado cuchillo ceremonial, y lo levantó sobre la primera cabeza que degollaría mientras lloraba por él y por los demás. Alzó la cabeza y al mirar  el Tumi, este resplandeció reflejando un potente rayo solar que se hizo camino entre las nubes, Urco se arrodilló y lloró de agradecimiento.

En pocos minutos el Sol resplandeció en el cielo y las nubes desaparecieron, los habitantes de Pitumarca se abrazaron y cantaron canciones al Sol, sabían que sobrevivirían, entre el júbilo levantaron sus ojos hacia la cordillera y notaron que la nieve se había derretido y develaba una montaña con los colores del arco iris, y en ella llamas y alpacas cargadas de maíz y papas para ellos.

La montaña es el apu Vinicunca, y mantiene aún los colores del arcoiris como un símbolo del amor del dios Sol por los fervorosos habitantes de Pitumarca.

 

“Todo hombre tiene derecho a dudar de su tarea y a abandonarla de vez en cuando; lo único que no puede hacer es olvidarla. Quien no duda de sí mismo es indigno, porque confía ciegamente en su capacidad y peca por orgullo. Bendito sea aquel que pasa por momentos de indecisión.”

Paulo Coehlo

 

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